En esta oportunidad les traemos un texto que nos envía el compañero Elías Darío Paz. Un texto cargado de buenas reflexiones y que nos recordó casi de inmediato aquellos primeros días de nuestro Blog, cuando creamos el Manifiesto que dio origen a este espacio. Esperamos que disfruten el texto y que no solo sea Elías, sino tú también, el que de uso a este Blog para soltar sus reflexiones.
De la personalización del conflicto al diálogo interpersonal

En situaciones conflictivas como las que se viven hoy en Venezuela, existen elementos fundamentales para que el conflicto pueda ser canalizado de una manera óptima. Es necesario reconocer al “otro” como una figura que posee humanidad y validez como yo la tengo. Es fundamental que exista voluntad de resolver el conflicto por vías pacíficas, y para ello es necesario tener claros cuales son las prioridades del país desde el punto de vista del bienestar general. Y el hecho es que todos en Venezuela merecen su espacio, pero ese espacio se gana también a partir de la capacidad para consensuar posiciones plurales e incluyentes que satisfagan al mayor número de personas y tendencias políticas. He ahí otro de los elementos necesarios para que la regulación de un conflicto tenga éxito: la negociación con base a intereses y no a objetivos excluyentes. Quizá el elemento más nocivo en los conflictos es cuando se personalizan los problemas. En Venezuela, tanto sectores que respaldan el proyecto del Gobierno Nacional como aquellos que lo rechazan desde la Oposición están llegando a un punto peligroso al personalizar el conflicto en la figura del presidente Chávez. Por una parte, se escuchan frases como “Con Chávez todo, sin Chávez nada”, “Chávez hasta el 2021”, “marchar contra Chávez es marchar contra el pueblo” o “lo que diga Chávez es ley”. Por otra, se organizan marchas de “no más Chávez” y se oyen frases como “Chávez es el demonio” o descalificativos como “Chaburro” entre otros.

El primer elemento para revertir esta situación es la verdadera voluntad de diálogo y la disposición a ceder en algunas de las posturas en función de un bien incluyente y plural. Porque créanlo o no, la historia está llena de trágicos ejemplos donde ninguna de las partes ha podido eliminar a la otra. Ni la derecha ha podido eliminar a la izquierda ni al contrario. Lo único seguro cuando se mantienen posturas excluyentes, centradas en personas y no en intereses, cuando se le quita al otro la cualidad de ser humano con validez en sus opiniones y posturas, es que más temprano que tarde se pueden empezar a generar regulaciones violentas. De las regulaciones violentas no queda más que los muertos y si de ello hay duda podemos preguntar a los centroamericanos que de esto tienen bastante experiencia. Al final será necesario sentarse en una mesa de diálogo, en 10, 20 o 40 años. La única diferencia será un país empobrecido, en ruinas y con una cantidad de familias destruidas por los muertos y los desaparecidos.
Entonces los venezolanos debemos preguntarnos ¿qué nos interesa como venezolanos? ¿Qué aspiramos como sociedad? ¿Queremos seguir los pasos de países hermanos como Colombia, El Salvador o Nicaragua?

Si algunos no desean dialogar, ni tienen interés en escucharse mutuamente, otros muchos sí lo están. Si algunos no ven espacios comunes por los cuales vale la pena consensuar, otros muchos sí los ven y están dispuestos a emprender acciones en función del encuentro y la reconciliación. Es hora de dar ese paso por la paz y la convivencia en democracia.