Luego de las elecciones de autoridades que se realizaron con normalidad el pasado viernes, este 16 de mayo de 2008 los “ucevistas” tenemos el deber y la responsabilidad de acudir nuevamente a las urnas para pronunciarnos sobre los dos candidatos a rector de nuestra casa de estudios que acumularon mayor cantidad de votos durante la primera vuelta: Ceclia García Arocha y Jorge Pabón.
En nuestro post pasado, hicimos algunas consideraciones puntuales sobre la hoja de vida y la trayectoria de estos profesores. También recogimos algunos “chismes de pasillo”, sobre los cuales algunos de ustedes han tenido la amabilidad de pronunciarse, para corregir, aclarar o respaldar. Gracias a todos los colaboradores.
En todo caso, en ProMedio los invitamos a ejercer su derecho “ucevista” del voto de la mejor manera posible: de una forma crítica, razonada, ponderando méritos y carencias y tratando de superar las lagunas de la desinformación y la polarización, así como los velos mediáticos que, muchas veces, se imponen sobre la sensatez y el discernimiento, valores de extrema necesidad en la coyuntura que nos atañe, porque –hay que decirlo- el discurso propagandístico de ambos candidatos está anclado en una difusa reivindicación de la autonomía y la democracia, lo cual dice muy poco acerca de sus métodos y propuestas concretas.
Debido a la importancia histórica de los últimos años de la vida nacional, la UCV tiene actualmente un compromiso que no puede ser eludido por ninguna autoridad; por eso esta elección es fundamental. También en la medida en que el ganador deberá hacer frente a los intentos del gobierno nacional por modificar el sistema de ingreso a las universidades y abrirle “al pueblo” (¿no somos todos “pueblo”?) las puertas de la educación superior.
Si bien creemos necesaria una real transformación de la UCV como institución, en temas como la reforma y actualización de pensa, la situación contractual de los profesores, la optimización en la producción y utilización del conocimiento científico y académico, creemos que estos cambios deben venir desde adentro, fruto de un gran consenso de la comunidad académica, sin estar signados por matices sectarios, consideraciones políticas e ideológicas coyunturales.
Lo más importante que debemos defender es el libre debate y el disenso dentro de la interacción dialógica, alma y razón de la academia. Perder –o dejarlos perder, da igual- esos valores constituiría el fin de la universidad como casa de estudios e instancia clave para el desarrollo nacional.
Sin ánimos de fomentar rumores en torno a los candidatos, vale advertir la ausencia de Jorge Pabón en uno de los debates más importantes de los que se llevaron a cabo, lo que impidió un cara a cara entre los que hoy son opciones de la segunda vuelta. Nos preocupa porque consideramos que esas han sido oportunidades únicas para confrontar dos propuestas que discursivamente parecen muy similares. Cabe destacar que, por otra parte, la propaganda del decano Pabón tiene que ver con la defensa de la autonomía a través de las leyes, y desde aquí nos preguntamos si realmente es a través de la ley que se defiende la autonomía, como si el valor de la autonomía fuera reductible al de un artículo o un decreto. Nosotros, en ese sentido, no creemos mucho en la deificación de las leyes y asimismo que la autonomía se defiende ejerciéndola, fundamentalmente mediante de la libertad académica, de la producción y divulgación de conocimiento útil para el desarrollo social. Y sobre todo ejerciendo la vigilancia de su cumplimiento y evitando su uso para justificar atrocidades, es nuestro deber y derecho como miembros de la comunidad universitaria.
Asimismo, el despliegue mediático utilizado por García Arocha, la favorita con base en los resultados de la primera ronda, y el apoyo expreso a su candidatura por parte de organizaciones políticas de oposición al gobierno, no son cosas que nos tranquilizan, porque a sabiendas del pensamiento crítico que debe caracterizar a la UCV, tampoco creemos prudente que la universidad sea sólo una pieza más en la lucha política que mantienen los factores que adversan al gobierno nacional. La Universidad puede ser eso, en la medida que abandere causas justas y legítimas, pero también debe ser mucho más.
Se nos ocurre que las circunstancias demandan una Universidad verdaderamente autónoma de cualquiera de los polos en pugna, capaz de transformarse a sí misma y consolidarse como herramienta para el diálogo y la estabilidad nacional. Creemos que la Universidad y el Estado tienen que negociar, independientemente de los humores de rectores y gobernantes.
Por otra parte, llama la atención la publicidad que hace alusión al clamor público de una rectora mujer. Nosotros apoyamos las luchas reivindicativas de la mujer en la sociedad, pero no creemos que ese argumento sea suficiente para entregarle el voto. Nuestro llamado es a revisar sus trayectorias y propuestas, independientemente del sexo, lo cual percibimos como una postura verdaderamente igualitaria y no basada en la discriminación positiva. Si no creemos en la magia de las leyes, tampoco en la de los géneros. Nuestro llamado es a que la población vaya más allá de las consignas electorales y revise, seriamente, propuestas y trayectorias.
Creemos que las espontáneas protestas estudiantiles del año pasado jugaron un papel importante en la reivindicación de nuestros derechos políticos y civiles y la defensa de la democracia, más allá de que paulatinamente el “movimiento estudiantil” haya sido penetrado por los actores políticos tradicionales, ansiosos de mostrar, más que una nueva cara, una “cara lavada”. Ahora es el momento de involucrarse activamente en la construcción de lo público, con propuestas frescas que coadyuven a la creación de un país amplio, plural, próspero, democrático y signado por la justicia social.
Esta participación no se acaba el 16 de mayo. ¿Quiénes serán los contralores de la gestión del vencedor? ¿Sus compañeros de plancha? ¿El Poder Ejecutivo? Deberíamos ser nosotros, los estudiantes y demás miembros de la comunidad universitaria. En cualquier caso, la elección ahora está en nuestras manos.
En todo caso, en ProMedio los invitamos a ejercer su derecho “ucevista” del voto de la mejor manera posible: de una forma crítica, razonada, ponderando méritos y carencias y tratando de superar las lagunas de la desinformación y la polarización, así como los velos mediáticos que, muchas veces, se imponen sobre la sensatez y el discernimiento, valores de extrema necesidad en la coyuntura que nos atañe, porque –hay que decirlo- el discurso propagandístico de ambos candidatos está anclado en una difusa reivindicación de la autonomía y la democracia, lo cual dice muy poco acerca de sus métodos y propuestas concretas.
Debido a la importancia histórica de los últimos años de la vida nacional, la UCV tiene actualmente un compromiso que no puede ser eludido por ninguna autoridad; por eso esta elección es fundamental. También en la medida en que el ganador deberá hacer frente a los intentos del gobierno nacional por modificar el sistema de ingreso a las universidades y abrirle “al pueblo” (¿no somos todos “pueblo”?) las puertas de la educación superior.
Si bien creemos necesaria una real transformación de la UCV como institución, en temas como la reforma y actualización de pensa, la situación contractual de los profesores, la optimización en la producción y utilización del conocimiento científico y académico, creemos que estos cambios deben venir desde adentro, fruto de un gran consenso de la comunidad académica, sin estar signados por matices sectarios, consideraciones políticas e ideológicas coyunturales.
Lo más importante que debemos defender es el libre debate y el disenso dentro de la interacción dialógica, alma y razón de la academia. Perder –o dejarlos perder, da igual- esos valores constituiría el fin de la universidad como casa de estudios e instancia clave para el desarrollo nacional.
Asimismo, el despliegue mediático utilizado por García Arocha, la favorita con base en los resultados de la primera ronda, y el apoyo expreso a su candidatura por parte de organizaciones políticas de oposición al gobierno, no son cosas que nos tranquilizan, porque a sabiendas del pensamiento crítico que debe caracterizar a la UCV, tampoco creemos prudente que la universidad sea sólo una pieza más en la lucha política que mantienen los factores que adversan al gobierno nacional. La Universidad puede ser eso, en la medida que abandere causas justas y legítimas, pero también debe ser mucho más.
Se nos ocurre que las circunstancias demandan una Universidad verdaderamente autónoma de cualquiera de los polos en pugna, capaz de transformarse a sí misma y consolidarse como herramienta para el diálogo y la estabilidad nacional. Creemos que la Universidad y el Estado tienen que negociar, independientemente de los humores de rectores y gobernantes.
Creemos que las espontáneas protestas estudiantiles del año pasado jugaron un papel importante en la reivindicación de nuestros derechos políticos y civiles y la defensa de la democracia, más allá de que paulatinamente el “movimiento estudiantil” haya sido penetrado por los actores políticos tradicionales, ansiosos de mostrar, más que una nueva cara, una “cara lavada”. Ahora es el momento de involucrarse activamente en la construcción de lo público, con propuestas frescas que coadyuven a la creación de un país amplio, plural, próspero, democrático y signado por la justicia social.
Esta participación no se acaba el 16 de mayo. ¿Quiénes serán los contralores de la gestión del vencedor? ¿Sus compañeros de plancha? ¿El Poder Ejecutivo? Deberíamos ser nosotros, los estudiantes y demás miembros de la comunidad universitaria. En cualquier caso, la elección ahora está en nuestras manos.

