Amo a la UCV. Amo aquella que considero mi universidad con ese mismo sentimiento de haber estudiado y aprendido no solo filosofía en sus aulas, de haber sentido esa misma intimidad de pertenecer a ella. Ahora que sigo atesorando ese cordón umbilical que me convierte en ucevista para toda la vida, pienso en macro, como estudiante y como venezolano. Y ante los hechos que todos los venezolanos vimos en la televisión (apartando los consabidos comentarios “golpistas” de los periodistas de Globovisión) acontecidos en la Escuela de Trabajo Social de la UCV, ante las llamadas telefónicas de muchos de mis amigos y compañeros que se encontraban a esa hora en la universidad y que me informaron sin pelos en la lengua lo que sucedía, lo mínimo que esperábamos los venezolanos, era un rotundo silencio por parte del oficialismo. Pero Carreño salió, y todo fue peor.
En un post anterior, ProMedio pone en claro lo que todos pensamos, el plan de la bendita emboscada: "¿Es este el resultado del discurso de Chávez el domingo pasado? ¿Cuál fue el plan para no parecer "débiles"? ¿No hacer nada con los cuerpos de seguridad, y soltar a los simios descerebrados a hacer el trabajo sucio...perdón, "social"?”. Sí, el plan era aprovechar las oportunidades que daban los hechos… Ya el gobierno ha irrespetado la peleada y tan vilipendiada autonomía de la UNIMET, de la ULA, de la LUZ… ¿Por qué no la UCV?
Lo que más a mi concepto puede indignar más a días de perder completamente el Estado de Derecho con la Reforma Constitucional, es como se subestima a este interlocutor al que supuestamente las altas autoridades llaman pueblo, “el querido pueblo”. Tenga cuidado, ministro Carreño, con la candela: deje de faltarle el respeto a todos los venezolanos. Guardando las distancias históricas, con sus discursos, geniales y fundamentales, por sus palabras, hombres como Robespierre, Sócrates o Bolívar murieron y entregaron sus vidas. Me imagino que para alguien como usted, excelentísimo señor Ministro, esto es algo romántico… Anoche terminó su cadena diciendo: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”. Yo no puedo dejar de pensar en otro refrán, ante las faltas de su discurso pobre, ante el poco respeto a sus millones de receptores. Y mientras en Venezuela se pone en peligro muchas libertades, nuestro ministro llama a la calma desde una disertación alejada de la virtud que todos deberíamos esperar de un hombre de estado.
Aquí le dejo el mío:
"El pez muere por la boca".
Moisés Jurado



