Es una imprudencia encarnar movimientos históricos sin considerar sus contextos. El mayor logro del manifiesto proclamado hace casi un siglo por los estudiantes de la Universidad de Córdoba fue precisamente la génesis de una noción latinoamericana de Autonomía Universitaria para las casas de estudio de nuestro continente. En ese sentido, quienes defendemos la autonomía de las pretensiones intervencionistas, también enarbolamos la misma bandera.
Ciertamente, en nombre de la autonomía son muchas las cosas que se hacen y se dejan de hacer. Es cierto que bajo el mismo marco autonómico nuestra UCV tiene fallas estructurales muy graves: hay burocracia, profesores mediocres, abusos de poder, crisis de representatividad. Sin embargo, todos esos problemas hay que resolverlos aquí adentro. Pedir intervención es un irrespeto a una institución que tiene casi 300 años. Es una ofensa a la gente valiosa que hay y hubo en la Universidad; a los líderes estudiantiles de izquierda que pudieron sobrevivir a la rabiosa persecución de algunos gobiernos; es una traición a Vargas, a De Venanzi, a Bianco, y al mismísimo Bolívar.

También es cierto que la Universidad ha perdido algunos espacios de la vida nacional. Ha perdido vínculos con los barrios. Pero afirmar que la Universidad está de espaldas al país es una aseveración fútil y ruidosamente insensata. O acaso ¿a quién atienden los profesionales que egresan de nuestras casas de estudio?… Sin duda, hay mucho por hacer, recuperar y mejorar, pero la Universidad, aun con sus fallas, está al servicio de la nación, que no al servicio de ningún gobierno, por más revolucionario que se autoproclame.
¿Realmente creen que nos preguntan si somos hijos de burgueses o de obreros al momento de admitirnos en la UCV? Ninguna política de ingreso es absolutamente justa. Negarlo es caer en el juego demagógico o en la inagotable discusión de lucha de clases. Los parámetros no son socioeconómicos. Tienen más que ver con las capacidades intelectuales que con el linaje plebeyo o patricio que tengamos los aspirantes a gozar del privilegio – sí, es un privilegio- de servir al pueblo a través del estudio.

