abril 15, 2008

10 inquietudes para Freddy Guevara y Un Nuevo Tiempo.

El Universal: Estudiantes anunciaron respaldo a precandidatura de William Ojeda. (Haz click para ver la noticia).

Utilizando la capacidad crítica de discernimiento que nos ha dado la experiencia universitaria, queremos ir más allá de lo que está en el titular y la noticia y preguntarle al compañero Freddy Guevara y al partido Un Nuevo Tiempo lo siguiente:



  1. ¿Desde cuándo la juventud de UNT es sinónimo de "Movimiento Estudiantil"?
  2. ¿Es casual que este "movimiento estudiantil" esté "resteado" con tres candidatos de las filas de UNT?
  3. ¿Leopoldo López no está inhabilitado? Presumimos de la buena fe del candidato y también que otros funcionarios merecen la inhabilitación política más que el propio López, pero ¿Por qué llevar a la gente a desencantos y frustraciones innecesarias?
  4. ¿Acaso Carlos Ocariz no tiene mayor convocatoria, e incluso, mayor legitimidad que William Ojeda? ¿El mal llamado "movimiento estudiantil" no considera que debería evaluar la trayectoria, trabajo de base y arraigo de cada candidato? ¿O se obedece simplemente a la línea partidista de UNT?
  5. ¿Stalin González está preparado para llevar adelante una alcaldía? o mejor ¿Stalin González convoca suficientes electores en Libertador?
  6. ¿No es irónico criticar a los partidarios del Presidente Chávez por carecer de suficiente preparación, y postular a una alcaldía a alguien cuya única trayectoria es la de un par de gestiones en la presidencia de la FCU con pocas o nulas reivindicaciones para los estudiantes ucevistas?
  7. ¿Acaso el "Movimiento Estudiantil" no era un movimiento anti-partidista? ¿Dónde quedó la defensa de los derechos civiles que le dio su legitimidad de origen?
  8. ¿100% Estudiantes es el ala juvenil de UNT?
  9. ¿Que un partido político se inmiscuya dentro de los procesos electorales internos de una Universidad, sin admitirlo abiertamente, no es una violación a la Autonomía?
  10. ¿Promover candidaturas desde plataformas partidistas, es tarea del "Movimiento Estudiantil"? ¿O pretenden que el "Movimiento Estudiantil sea entonces el tonto útil de estas elecciones?
Lo sentimos mucho Freddy, tú no eres el "Movimiento Estudiantil". No nos molesta que milites con un partido o con otro, sólo que lo hagas en nombre nuestro. Procura deslindar tus roles: o eres representante del movimiento estudiantil o eres representante de los jóvenes de Un Nuevo Tiempo, pero ambas cosas no se pueden simultáneamente. Sólo queremos que no nos confundan. Es una cuestión de honestidad básica, y de no reproducir a tan corta edad los vicios que tanto criticas, al menos cuando te expresas públicamente.

Un saludo, y nos vemos en la lucha sincera por mejorar el país... cuando decidas reasumirla en vez de sumar esfuerzos para maquinarias partidistas explotando la marca "Movimiento Estudiantil".

marzo 10, 2008

La admisión en la Universidad: Mitos y realidades

Yimmi Castillo
ProMedio

Corría el año 95 de la década pasada. Cursaba el último año de estudios en el Liceo Luis Razetti, convertido ahora en Escuela Técnica. Iba a graduarme pronto en la segunda promoción de Técnicos Medios. Mi carrera: Mercadotecnia.

Desde muy temprano supe que mi inclinación profesional iba en dirección a la publicidad. Realmente lo que quería era ser comunicador, pero no lo sabía del todo y esa definición provocó la difícil tarea de escoger la Universidad
donde iba a desarrollar mis estudios.

La primera opción fue la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), por la cercanía a mi casa (vivía en La Vega), porque la carrera Comunicación Social en la Universidad Central de Venezuela (UCV) estaba orientada más hacia el Periodismo y porque era realmente complicado entrar allí (al menos eso era lo que me decía la gente). “La Católica” era paga, pero en aquel entonces tenía un sistema de becas bastante atractivo.

En La Vega se respiraba el mismo aire que se respira aún hoy en día en cualquier barrio. Familias pobres, familias trabajadoras, gente que abandonaba sus hogares temprano en la mañana y regresaba tarde en la noche cansada, pero que aún así nunca conseguían el camino del bienestar económico. Gente que sabía que enfermarse o tener un accidente era (y sigue siendo) un pecado mortal. Gente que conocía de cerca la muerte, que sabía de enfrentamientos entre delincuentes, de muertes inocentes “por andar de asoma’o”. Gente que, naturalmente, eran padres, hermanos, amigos de esos malandros (y no tan malandros) que caían muertos cada fin de semana. Malandros e inocentes que compartieron conmigo, muchos de ellos, el mismo salón, el mismo columpio del parque “Juan Cuchara”, la misma vida del barrio.

Sin embargo, había también muchos universitarios. Muchas ganas de echar el barrio adelante. Muchos deseos de superar los problemas.

La mayoría de los vegueños estudiaban en las universidades aledañas: UCAB y el Instituto Pedagógico de Caracas, pero había un grupo importante de jóvenes ucevistas. Los veía cada mañana en el transporte de la universidad que los recogía en la zona del casco central de La Vega.

La cuestión fue que presenté un par de veces en la UCAB sin éxito. A pesar de que siempre me parecía una prueba sencilla, nunca quedé seleccionado. Supongo que mi promedio de 13 puntos (calculado por el método extraño ese del CNU) no era suficiente. Opté por la opción privada. El miedo al mito de la imposibilidad de ingreso a la UCV me obligó a trabajar para costearme la carrera en un instituto privado. Tres años después recibía el título de TSU en Mercadotecnia, mención Publicidad. Pero, no estaba conforme.

Tuve que enfrentarme a otra realidad. Ese título no era suficiente para mi desarrollo profesional. Mi currículum se reprodujo por varias de las Agencias de Publicidad que operan en el país. Nunca me llamaron. Al poco tiempo perdí el empleo que tenía como Ejecutivo de Call Center. Luego, llegó el paro, y con él, más de un año de desocupación.

Hasta que un buen día decidí, junto con mi esposa, probar suerte en la UCV. Encontramos una opción: “Ingreso vía Egresados”. Era una posibilidad para profesionales que deseaban continuar segundas carreras en la universidad. Un método sencillo pero con sus bemoles. La idea era presentar la prueba interna y participar en una suerte de concurso de credenciales y en igualdad de condiciones con otros egresados. Tanto mi esposa como yo quedamos seleccionados.

Hubo muchas cosas que me llamaron la atención, no solo en el proceso de inscripción y presentación de la prueba interna, sino también al cursar los primeros semestres de la carrera.

La cola de la preinscripción al examen de admisión era variopinta. Había muchos jóvenes liceístas con sus uniformes de chemise beige, con insignias que tenían los nombres de institutos privados y públicos por igual. También personas un poco más mayorcitas, de esas que engrosábamos la lista de “población flotante”. Gente blanca, negra, marrón, amarilla… azul y roja.

Curiosamente el primer día de clases la cosa variaba enomermente. Los apellidos pomposos, los rasgos europeos y las referencias educativas religiosas colmaban la mayoría de la lista de ese primer semestre. Sin embargo, no había pasado la mitad del período completo cuando nos dimos cuenta de que todos estábamos allí para formarnos y estudiar, bajo las mismas condiciones.

Entonces, ¿dónde está el problema? ¿En qué parte del cuento se perdieron esas insignias de liceos públicos? ¿Lo tienen? Si, justo allí: La prueba de admisión.

No estoy diciendo con esto que la prueba de admisión es un instrumento discriminante per se. Como dice mi compañero Ricardo en su texto “Irrenunciable Autonomía” Los parámetros no son socioeconómicos. Tienen más que ver con las capacidades intelectuales que con el linaje plebeyo o patricio que tengamos los aspirantes.

Insisto, ¿dónde está realmente el problema? En esos exámenes las preguntas no pedían en ningún momento datos demo-psico-bio/gráficos. No, sino que sólo servían para medir destrezas y conocimientos.

Después de reflexionar sobre esto (que no fue ayer, ni hace un mes, ni hace un año), me convencí de algo: si yo no hubiese tenido esa formación de TSU, difícilmente hubiese podido pasar esa prueba de admisión. Esto lo comprobé incluso ya estando más avanzado en la carrera, justo cuando me percaté de que esos niños egresados de colegios privados poseían un universo grande de conocimientos que jamás yo manejé antes de graduarme de Técnico Superior.
La educación básica en los institutos públicos es deficiente, castrante y desilusionante. Desde muy temprano los profesores te meten en la cabeza lo difícil que se te va a hacer ingresar en una Universidad, peor aún, cuando llega el momento de presentar la famosa Prueba de Aptitud Académica (gracias a Dios recientemente eliminada), estos profesores que supuestamente te vigilan, deciden darte una “ayudita” y te “soplan” algunas respuestas, con toda la mala intención de indicar respuestas erradas. Yo lo viví, no estoy inventando nada.

Muchas veces estos mismos profesores, de manera descarada justificaban su “piratería” en los bajos sueldos que percibían, recomendando adicionalmente que “jamás se nos ocurriera estudiar educación”. Recuerdo un profesor de matemáticas que “mateaba” los últimos temas del programa “porque los que pasaron ya pasaron y los que no, van a reparación”, con el ingrediente adicional de ofrecer sus servicios como profesor privado, para dictar cursos para la reparación.

De mi promoción de técnico medio muy pocos he encontrado hoy que hayan seguido estudiando. De mi promoción de TSU, la mayoría continuó estudiando segundas carreras. ¿Notan la diferencia? Los amigos del técnico medio que sí continuaron, terminaron como yo en un instituto privado, y es que ¿Qué motivaciones podíamos tener fuera de algunas muy personales para intentar el ingreso en una universidad pública, y más aún, en la UCV?

Quitémonos las caretas. ¿Dónde está la discriminación? ¿En la Universidad o mucho antes? ¿En dónde es que debemos colocar nuestra atención? ¿En la autonomía o en la calidad de los liceos públicos?

Tú, que estudiaste en un liceo público, sabes más que nadie las respuestas a esas preguntas. Vamos a sincerarnos. Hablar de un mecanismo de admisión que no sea excluyente es una falacia. Los cupos son escasos y la demanda es alta, por eso se acude a mecanismos de admisión que siempre son excluyentes. Quizás sean más o menos justos, pero excluyentes lo serán siempre.

El gobierno insiste en querer caminar antes que aprender a gatear, cosa que fue una de las causas, según palabras del propio Presidente, del fracaso de la propuesta de Reforma Constitucional. Antes que revisar los modos de la Universidad y de analizar los alcances de la Autonomía, el gobierno debería apuntar sus esfuerzos en aspectos que pueden perfectamente allanar el terreno para una verdadera reforma universitaria. Se debe corregir el sistema educativo público en sus primeros niveles (preescolar, colegios y liceos), se deben abrir más Universidades e Institutos Públicos con fines académicos, más que políticos, la UCV no puede ser el único objetivo de los aspirantes a educación superior. Se deben modificar primero los métodos de admisión de organismos como el CNU (la eliminación de la PAA y la nueva Prueba de exploración vocacional son un buen primer paso, pero no es suficiente) y dentro de los liceos, se debe comenzar a sembrarles la idea a los estudiantes de que la Universidad no es un sueño difícil de alcanzar, pero tampoco es un escalón para la superación económica, al menos no debería ser este un fin por encima del crecimiento intelectual. Y luego, ya en la Universidad, se debería enseñar a los estudiantes que así como la Autonomía sirve para que ocurran cosas desagradables, también sirve para que las corrijas ellos mismos. A partir de allí, se empiezan a corregir cosas como el 1 x 1, la partidización de los cargos en la universidad (incluyendo FCU), la renovación de pensum, la revisión de la "libertad de cátedra", las nóminas engrosadas de profesores contratados, los profesores jubilados que aún trabajan, los que no están jubilados ni trabajan pero que se amparan en la "investigación" para seguir cobrando (sin dar muestras de esas investigaciones), el problema del conocimiento que se queda puertas adentro y que no se extrapola a la vida cotidiana del país y un largísimo etcétera.

Y esto es puro y simple pensamiento crítico, que no es invento de este gobierno, pero que si se impulsa en la Academia.

febrero 27, 2008

Equidad universitaria vs. Equidad social

Desde la condición de universitario de clase media, es fácil decir que no todos los venezolanos deben ingresar en una universidad puesto que un país también requiere ciudadanos que contribuyan y produzcan desde otros ámbitos. Eso tiene lógica y razón de ser, pero no es fácilmente sustentable cuando quien argumenta cuenta, precisamente, con la fortuna de ser estudiante universitario. El tema es traído a colación porque la propuesta del Ministerio de Educación Superior de la confección de un nuevo Sistema Nacional de Ingreso podría resumirse, escuetamente, en la idea de que todo el que quiera ingresar a una casa de estudios superiores lo haga.

Buena parte de los rectores de distintas universidades del país han coincidido en el espíritu de la propuesta del ministro Acuña pero discrepan en cuanto a los mecanismos y otros detalles. El planteamiento prevé una atención preferencial para bachilleres “pertenecientes a sectores sujetos a exclusión social” y ese ha sido su punto más polémico, primero por las condiciones del trato preferencial, el número de cupos y, luego, por la imprecisión de la propia población mencionada. De momento, no nos atrevemos a asegurar que la posición social sea, per se, un aval que le garantice al Estado la voluntad y el rendimiento que la universidad reclama, de la misma manera en que no abogamos por lo contrario. No creemos que la pobreza –o la comodidad, o la opulencia- sean condiciones determinantes o susceptibles de preferencia a la hora de obtener un cupo en la universidad. Ahora bien, detrás de la condición socioeconómica y la opresión hay, en este contexto, un problema más trascendental, nada oculto y relevante: el acceso a la educación media y diversificada y, en última instancia, la calidad de esa instrucción. Y entonces surge la inquietud ¿cuántos venezolanos de los estratos sociales bajos ingresan a la universidad?

Pensamos que hay que estar claros en que la universidad venezolana es excluyente, pero también hay que apuntar que eso no es un capricho de la universidad. El sistema de ingreso (CNU/Prueba Interna/Acta y convenio) es profundamente imperfecto, pero su exclusión es también el producto de un sistema que es excluyente en todas las demás esferas de la vida nacional. ¿O acaso es incluyente que el niño que vive en el barrio no pueda comer decentemente, jugar libremente y, finalmente, acceder a una educación digna en una escuela digna? Entonces hay que preguntarse, cuando menos, dónde comienza la exclusión, quién la propicia o quién la permite.

La prueba de aptitud académica del Consejo Nacional de Universidades, altamente viciada e ineficaz, ha quedado eliminada. Igualmente, desde el Ministerio se ha manifestado la intención de suprimir las pruebas de admisión internas que tienen algunas universidades, exámenes que serían sustituidos por un análisis de las notas de los alumnos con respecto a los compañeros de sus propios planteles y por un proceso de consignación de documentos personales. Nosotros comprendemos la necesidad de un redimensionamiento del sistema de ingreso, pero creemos que ello no debería pasar por la eliminación de exámenes que, con todo, si son bien formulados, son los únicos instrumentos que tratan indiscriminadamente a la masa estudiantil: las mismas preguntas para un grupo numeroso, del que sólo ingresan quienes contesten mejor. Ciertamente la oferta es mucho más reducida que la demanda, pero eso obedece a un tema de capacidad física, docente y presupuestaria. Entonces nos preguntamos no sin ingenuidad, ¿el Estado está apuntando adónde debe? O, ahora con suspicacia, ¿será que, más que revolucionaria, la propuesta es simplemente demagógica?

No pretendemos tener la razón absoluta, pero consideramos que hay cierta distorsión sobre la idea de universidad y sus funciones, pues ésta es, por definición, una élite, por cuanto comprende a un grupo selecto –siempre tiene que haber mecanismos de selección- que se debe a la productividad de un país desde la academia, la investigación. Una universidad de espaldas al país es aquella que es vista como una fábrica de títulos en serie, una opción para conseguir trabajo o, peor aún, como un donativo social. En este punto, tomamos en cuenta una de las múltiples y pertinentes reflexiones del profesor Orlando Albornoz, pues mucho se habla del ingreso, pero ¿qué pasa con el egreso?, ¿qué ocurre en el campo laboral? y, también, ¿qué papel tiene ahora para el Estado venezolano la educación superior en contraposición a la educación familiar y ciudadana? La universidad, insistimos, es un espacio para la creación, el debate y la producción de conocimiento que es una de las formas de contribuir con la nación. Pero no es un espacio impermeable, sino uno conectado con su entorno y tan lleno de vicios como esa realidad que le da contexto, en la cual creemos, ha de residir alguna posible solución. Esto es, consideramos que la realidad universitaria no puede ser tratada como algo diametralmente diferente de realidad social, pues la una está imbuida por la otra, por lo cual a la hora de una reestructuración sería menester revisar, minuciosa e inteligentemente, las variables del entorno.

Nuestro llamado no tiene que ver con los gritos vacíos de autonomía, ni con las pintas que, apartando los insultos, demandan una universidad “vestida de pueblo”. Nuestro llamado está orientado hacia la construcción de universidad llena de jóvenes talentosos, vengan de dónde vengan, una universidad justa y equitativa y, ante todo, hacia la consolidación de una sociedad con iguales y sinceros niveles de justicia y equidad.

febrero 08, 2008

¿Beligerancia o no beligerancia?

La mediación del Presidente Chávez en el conflicto colombiano ha sido un tema que ha dominado las discusiones desde finales de 2007, subiendo de tono en el último mes, de forma paralela al marcado deterioro de las relaciones bilaterales Venezuela – Colombia.

Ciertamente, el papel de mediador requiere de un mínimo de imparcialidad por parte de aquel que lo vaya a desempeñar. Sin embargo, no fue este el caso del Primer Mandatario nacional, que en ningún momento ha dejado de exhibir con quién restan sus simpatías. Y nosotros no podemos dejar de señalar que eso de la no injerencia e intervención en los asuntos internos de otras naciones es una hojilla que corta para los dos lados. Por ejemplo: ¿Qué diría el Presidente Chávez si el Presidente Uribe exige la liberación de los comisarios de la PM?

En todo caso, ciertamente la situación de conflicto en Colombia nos afecta por el desborde de la violencia y criminalidad a través de la frontera. Sin embargo, lo primero que hay que hacer es activar planes integrales y estratégicos de seguridad fronteriza, que nos parece que han estado sospechosamente fuera de la discusión, mientras que el sicariato, el narcotráfico, el secuestro y la criminalidad se multiplican en Zulia, Táchira, Apure y otros estados cercanos a la frontera (¿No sintieron espanto con el reciente asesinato de un alto capo de la droga colombiano en Mérida, mientras estaba cómodamente instalado en un chalet?).

Es preocupante el torrente de insultos que el Presidente Chávez le ha venido propinando a su homólogo de la hermana República. Lamentablemente, las formas sí importan en diplomacia y esa retórica incendiaria, en medio de una situación tan delicada, puede tener resultados desastrosos. El término “bélico” ha empezado a ser utilizado, en un contexto donde Venezuela no sólo es mucho más endeble militarmente hablando, sino que además ni siquiera se garantiza su propio abastecimiento de alimentos. De hecho, ésta es una de las mayores debilidades estratégicas que existen en geopolítica (sin considerar que mucho de lo que comemos viene de Colombia).

Nosotros llamamos a la calma y advertimos que hay guerras que han empezado por menos que esto: dos gobiernos ideológicamente antagónicos, con un posicionamiento geopolítico diametralmente opuesto, con diferendos territoriales, dos mandatarios ególatras con rivalidad personal, y una larga frontera presa de cualquier clase de situaciones de criminalidad, narcotráfico, contrabando y corrupción. Prudencia, cordura y mesura es lo que exige la situación.

De igual forma, no se debe olvidar que Álvaro Uribe, más allá de nuestra opinión acerca de su gestión o perfil ideológico, ha sido electo dos veces con porcentajes contundentes y actualmente cuenta con más del 70 % de popularidad. De esta forma, no resulta muy lógico o respetuoso con el pueblo colombiano, referirse a su Presidente como si de un usurpador se tratara.

Ahora, respecto a la propuesta del Presidente Chávez: ¿Beligerancia para las FARC-EP? Es una pregunta compleja.

Existen razones estructurales que han permitido el surgimiento de las FARC-EP y otros grupos insurgentes y si estas desigualdades (como la falta de movilidad social vertical de la sociedad colombiana) no son atendidas, poco podrá hacerse en favor de la paz. Los asesinatos de rebeldes desmovilizados en Colombia (M-19), por ejemplo, no son cuentos de camino. Y una de las razones de que no se firme el TLC con los Estados Unidos es que los legisladores demócratas exigen mayores investigaciones sobre los asesinatos de sindicalistas y los vínculos del gobierno con los paramilitares.

Sin embargo, es importante destacar qué significa el status de beligerancia. La beligerancia implica reconocer que el conflicto armado dentro de un Estado constituye jurídicamente un estado de guerra, en el cual los actores participantes se rigen por las normas pertinentes, o son considerados iguales en sus condiciones y facultades por un tercer Estado que se declara neutral (en este caso, Venezuela). La beligerancia en sí misma no tiene nada que ver con retirar a las FARC-EP de la lista de grupos terroristas, aunque ciertamente el retiro de esa etiqueta respaldaría la búsqueda de reconocimiento formal por parte de esta organización insurgente.

Asimismo, el status de beligerancia no es una condición sine qua non para que existan conversaciones de paz. De decidirlo así, las FARC-EP y el gobierno colombiano podrían sentarse a negociar hoy mismo. De tal forma, que son falsas las acusaciones de aquellos que plantean que el no darle el status beligerante a las FARC-EP es una forma de apoyar la prolongación de la guerra.

Asimismo, si bien las FARC-EP son una organización que ha venido prostituyendo sus principios ideológicos a favor del narcotráfico y el terrorismo, no están solas en su brutalidad. Los paramilitares (AUC / Águilas Negras) son por mucho el principal generador de violencia y crímenes de derechos humanos en Colombia, a decir del mismo Departamento de Estado. Y el Ejército no se queda atrás.

Si Uribe se pudo sentar a negociar con las AUC, ¿por qué no hacerlo con las FARC-EP, ofreciendo concesiones similares?

Asimismo, hay condiciones necesarias que debe cumplir una organización para que le sea otorgado un status de beligerancia. En primer lugar, debe haber una situación de guerra u hostilidades generalizadas en el país. Aunque la situación de conflictividad en Colombia es dramática y elevada, creemos que ha disminuido mucho desde los años noventa como para hablar de “situación de guerra” como tal.

En segundo lugar, debe existir un control por parte de los insurgentes de porciones del territorio. En este sentido, es innegable que las FARC-EP controlan territorio pero, de nuevo, lo hacen en mucha menos medida que hace una década, aunque el Presidente Chávez afirme que limitamos al oeste con las FARC.

En tercer lugar, los insurgentes deben tener alguna forma de gobierno y organización militar propia. Las FARC-EP tuvieron durante el gobierno de Andrés Pastrana un territorio bajo su jurisdicción, pero ahora están muy disminuidas en ese sentido. Sin embargo, sí cuentan con un Ejército propio, al menos en lo referente a su estructura jerárquica.

En cuarto lugar, las FARC-EP deberían ejercer el control administrativo de su territorio para optar al status de beligerancia. Sin embargo, la efectividad de éste se ha visto reducida en una proporción importante durante el gobierno de Álvaro Uribe, y si no que lo diga el niño Emmanuel, de quien desconocían su ubicación. Si efectivamente tienen un control administrativo del territorio, ¿cuál es la necesidad de tener campamentos de secuestrados en condiciones tan miserables y moviéndose permanentemente?

Por último, los insurgentes deberían poder cumplir con el derecho de la guerra. En este sentido, se destaca que las FARC-EP no se han ganado su título de terroristas de forma inmerecida. Si están en condiciones de cumplir con la Convención de Ginebra, nos parece que deberían comenzar por hacerlo y luego exigir beligerancia.

Sin embargo, ProMedio tiene una posición de principios que parte de tres interrogantes cruciales: ¿Es suficiente la liberación de tres personas (y tres más por venir) para eliminar la etiqueta de terroristas de las FARC-EP, a pesar de que mantienen privadas de su libertad a centenares más? ¿No deberían las FARC-EP renunciar antes a las tácticas terroristas como el secuestro y el asesinato de civiles, antes de demandar que les sea reconocida su beligerancia? ¿Venezuela no debería exigir la liberación de sus ciudadanos y el cese de operaciones de la guerrilla en su territorio antes de brindarles apoyo político?

febrero 02, 2008

De trastornos bipolares y otros absurdos

El último post que escribimos en ProMedio fue el “Post-Electoral”, donde rescatábamos la frase del Presidente que invitaba a la oposición a “administrar su triunfo”. Desde esa fecha hasta acá han sucedido varias cosas interesantes.

La frase del Presidente Chávez (“no se desboquen”) no tuvo jurisdicción sobre su propia persona. Los días posteriores al 2D, el Presidente Chávez sufrió una severa resaca post electoral que dejó ver su descontento, su decepción, y sus ansias de revanchismo. Se apostaron numerosas vallas en el país con la frase: “Por ahora” (al menos no fue la tan mentada “Victoria de mierda”).

El Presidente Chávez no asimiló su derrota. Culpó a sus seguidores, e incluso llegó a renegar de aquellos que utilizaron la “excusa” de sentirse mal por “no haber cobrado una misión, porque tal alcalde me cae mal o porque no han recogido la basura de mi calle”. Para el Presidente Chávez, esas no eran razones para que sus seguidores le dieran esa puñalada trapera que lo llevó a decir: “En el 2013 me voy, ustedes tienen la culpa”. Sin embargo no ha perdido oportunidad para sugerir la posibilidad de una enmienda orientada directamente a permitir la reelección continua, cuestión que no perderemos de vista.

Por su parte, la oposición tampoco supo finalmente administrar su victoria. Comenzaron los protagonismos de mano de personajes como Manuel Rosales y su UNT, quienes pretendieron capitalizar el triunfo a su favor.
Pero llegó la navidad, y con ella un giro de 180º por parte del Presidente Chávez. ¿De un polo a otro? ¿Bipolar? La cuestión es que lanzó un par de rectas que la oposición no esperaba: Ley de Amnistía y cambio de gabinete.

Vamos primero con la ley. La amnistía presidencial realmente fue amplia. Los casos más emblemáticos: Los firmantes del Decreto Carmona, la detención de Rodríguez Chacín, así como las diferentes tomas y allanamientos, producto de los sucesos del 11A.

Pero no todo era perfecto y la oposición parece ser difícil de complacer. Ninguna amnistía es completa y, en este caso, el margen fue el mínimo: procesados por crímenes de lesa humanidad y violaciones a los DDHH, además de quienes no se hayan puesto a derecho. Los comisarios de la PM están siendo procesados por delitos de este tipo y Nixon Moreno, acusado por violación, no se ha puesto a derecho, cosa que sin embargo no fue freno para que fuera absuelto por otros casos como la toma de la Gobernación de Mérida.

La exigencia de la oposición respecto a este punto no es pertinente. Creemos que lo adecuado sería hacer un gran esfuerzo conjunto no en solicitar la amnistía, sino en exigir y garantizar un proceso justo, con apoyo de los medios (no para ponerse un filtro amarillista y mostrar a las familias llorando, sino para presionar a los fiscales). Eso sí, no se olviden de exigir lo mismo para los miles de presos sin relevancia política, que también tienen meses, años, esperando un juicio, una sentencia.

No somos quiénes para juzgar a los comisarios, no hemos visto el juicio, ni las actas. Tampoco somos abogados, pero nos parece que se le hace un flaco servicio a estos ciudadanos si en vez de tratar de garantizarles un proceso equitativo, luchando de frente contra la politización del sistema judicial (¿o el 2D no demostró que sí se puede?), se arremete insensatamente contra una amnistía que fue un gesto correcto.

En cuanto a los enroques ministeriales, se buscó limpiar un poco la imagen del Ejecutivo y bajar de tono el perfil radical que había adoptado desde el último cambio. Se colocaron expertos en la materia y no sólo agentes políticos. La vuelta de Andrés Izarra y la designación de Ramón Carrizales, funcionario serio y poco mediático, así lo demuestran. Lo curioso es que Nicolás Maduro sobrevivió al cambio y se mantiene en la cartera de Relaciones Exteriores. Curioso porque los últimos traspiés del Presidente se han dado justamente a nivel internacional, y sobre todo desde que Maduro dirige la Cancillería, lo que deja mucho que pensar sobre el verdadero papel del Ministro.

El Presidente Chávez anunció la necesidad de refundar el Polo Patriótico, indicó deseos de acercarse a la clase media y a la burguesía y anunció su disposición de acabar con los grandes problemas sociales: inseguridad y desabastecimiento.

Amanecerá y veremos. Por lo pronto, los operativos de seguridad se han traducido en aumento de la matraca policial (no sabemos cuándo van a entender que el enemigo está dentro de los cuerpos de seguridad) y todavía no se consiguen leche, pan, azúcar, ni otros rubros de la cesta básica. Por el contrario, se anuncia pronta escasez de café, con insospechadas consecuencias para la vasta población cafeinómana de este país.

diciembre 03, 2007

"Post"-electoral: La dictadura que cayó.

“Sepan administrar su victoria… no se desboquen ahora”
Hugo Chávez.
Aunque resulte antipático para algun@s que comencemos este post-electoral con una cita del Presidente de la República, resulta conveniente sacar justo esta frase de su discurso de esta madrugada al aceptar su derrota en el Referendo. Ganó el NO, por un margen muy corto, pero ganó.

Est
e triunfo, con este margen, tiene muchísimas lecturas que probablemente serán realizadas el día de hoy y en los próximos días por los diversos medios de información. Es conveniente darle su justa dimensión.

En primer lugar, la oposición asumió un riesgo grandísimo. Ciertamente, tomar la posición de ir a votar representaba un costo político para los partidos opositores. No solo les era necesario reconocer la validez del árbitro, sino además, encaminar una defensa de la Constitución Bolivariana que hace ocho años rechazó. Era agachar la cabeza y tal vez reconocer que su tesis del fraude era incierta. Era, entonces, asumir que su posición hasta ahora no había sido la correcta. Y desde ProMedio los felicitamos por esa muestra de sensatez. Esperemos que el mito del fraude y los fantasmagóricos “topes numéricos” se conviertan de ahora en adelante en un pie de página de la historia.

La oposición, y sus seguidores, deben leer esta victoria con lupa para no perder las letras pequeñas del contrato social que fue sellado por los votos del día de ayer. Esta victoria no significa que la oposición es mayoría. Significa (y esto es una de las cosas que más nos alegra) que el pueblo está madurando políticamente y a pasos agigantados. La oposición debe saber y entender que ganando se pierde y viceversa. Y sobre todo, que aquellos políticos que solo buscan su beneficio personal o los de su pequeño grupo partidista, no tienen cabida en esta nueva nación que se está gestando.

Pero a la oposición le queda pendiente una gran tarea: habiendo derrotado por primera vez una propuesta del Presidente, ahora llega el turno ineludible de generar sus propias propuestas y lograr el respaldo popular para las mismas. La oposición debe dejar de ser “chavista”: debe trascender la mera figura del Presidente, y pasar de ser reactiva a ser asertiva. Nos complace que Rosales y otros dirigentes como Petkoff y Planas hayan hablado en esa dirección. Falta entonces que efectivamente emprendan ese camino. oposición y gobierno tienen que dialogar, y ojalá para ello sea útil la participación de Raúl Baduel e Ismael García, hombres que han sido injustamente satanizados por el extremismo. El pueblo espera que se tiendan puentes porque se cansa de absolutismos.

El gobierno también debe hacer muchas interpretaciones de esta derrota. El Presidente es un buen estratega. No ha llegado adonde está por fortuna o por error, y en su discurso de esta madrugada lo demostró (por cierto, ¡qué distinto sería el país si el primer mandatario se expresara regularmente con ese talante tolerante!). El gobierno tiene un proyecto político, y ha sufrido un revés importantísimo que, confiamos, el Presidente va a revisar en profundidad. Incluso, como él mismo afirmó, va a seguir empecinado en impulsar su propuesta. El pueblo, entonces, seguirá empecinado en leer, evaluar y elegir con calma. Al margen de voluntades individuales, la última palabra siempre será la del pueblo soberano.

A simple vista, podemos decir que hubo un porcentaje de “chavistas” (¿Light?) que rechazó la reforma. Y, tomando en cuenta los resultados de 2006, hubo un contingente mayor aún que se abstuvo. Prefirieron manifestar su inconformidad con su ausencia de las urnas. Y sin embargo, es probable que aún sean partidarios firmes del Presidente. Este es uno de los puntos importantes que debe tomar en cuenta el gobierno en sus análisis, pues de ahí se deduce que el liderazgo del Presidente está tan profundamente enraizado que a sus seguidores les cuesta contradecirlo pero, al mismo tiempo, que ese liderazgo no es incondicional, sino que tiene sus límites y condiciones.

La verborrea asesina del Presidente, la contaminación que provocó la Asamblea Nacional en la propuesta original, el hecho tácito y comprobado de la crisis de liderazgo que sufre el “movimiento revolucionario” en su seno, las presiones malsanas a los empleados públicos, el enriquecimiento oscuro de los dirigentes del gobierno. Todos estos factores deben ponerse sobre la mesa. Pero no solo el gobierno debe hacerlo, la oposición también los debe tomar en cuenta. Los resultados de ayer son la expresión de un pueblo y, por tanto, una lección para todos los sectores y factores que lo constituyen.

El pueblo de Venezuela ha demostrado su evolución política en esta oportunidad. La abstención estuvo alta, es verdad, pero no fue muda y aún así la opción del NO se impuso. El pueblo “chavista” le envió un mensaje a su líder (¿queremos tu revolución, pero no así?) y ha mostrado que no sigue ciegamente las directrices de sus dirigentes. El pueblo opositor también ha dado un gran paso al dejar atrás la sombra de la resaca del fraude no demostrado. La abstención es una postura libre y tan democrática como el voto, pero debería ser el resultado de una decisión individual. Sin embargo, preferimos la participación electoral como alternativa de construcción.

A los abstencionistas de la oposición les decimos: esperamos que de ahora en adelante se sumen de nuevo al juego democrático limpio. Quedó más que demostrado que con los votos sí se puede. Hernán Escarrá esta vez se equivocó. A los del oficialismo: la crítica es una de las condiciones más nobles de la naturaleza humana, no teman disentir.


Existe un elemento que se debe tomar en cuenta al analizar las votaciones y que está directamente ligado al hecho de que existió un voto “chavista” inclinado por la opción que ganó. El Bloque B recibió más votos negativos que el Bloque A. Si revisamos el contenido de ambos bloques, nos podemos dar cuenta que los artículos que incluyó la Asamblea Nacional sufrieron mayor porcentaje de rechazo de la población. En este punto cabe preguntarse ¿Y esos artículos no fueron incluidos por las sugerencias recogidas al pueblo? ¿El pueblo rechazó con mayor fuerza sus propias contribuciones a la propuesta? Nos parece que ya es hora de que los que hoy detentan el poder, bajen de sus pedestales y pongan los pies sobre la tierra, porque el pueblo de hoy no se deja engañar tan fácil como antes.

Es muy probable que el movimiento estudiantil, tangible aunque potenciado por los mass media, tenga una cuota de responsabilidad muy alta en este resultado puesto que, a su manera, alentaron de optimismo y participación a algunos grupos reacios a aceptar al árbitro, pero los compañeros dirigentes estudiantiles deben ahora retomar su trabajo aulas adentro, minimizar su rating televisivo y dejarle la política nacional a quién le corresponde. Las universidades tienen ahora un gran reto: demostrar que los combates más efectivos se dan en el terreno de las ideas, de la disertación, de la discusión sana, de la ejecución de una verdadera dialéctica. Que la posición natural de todo movimiento estudiantil es crítica, y por sobre todas las cosas, que la Universidad, junto con su autonomía, están al servicio de toda Venezuela.

El bienestar común no se consigue aplastando una parte de la sociedad en detrimento de otra. Ténganlo presente, señores políticos. El Presidente seguirá vendiendo sus ideas de cambio, esperemos que de aquí en adelante lo haga incluyendo, no excluyendo. Ayer cayó una dictadura: La dictadura de las mayorías.

noviembre 30, 2007

Un punto de inflexión

El próximo domingo 02 de diciembre de 2007, los venezolanos debemos acudir a los centros de votación para expresar nuestra opinión sobre el proyecto de reforma constitucional propuesto por el Presidente de la República y la Asamblea Nacional. En esta coyuntura crítica para el futuro del país, ProMedio considera pertinente compartir con ustedes algunas reflexiones de última hora, previas al acto refrendario.

La importancia del mismo no está en discusión. Para el Presidente de la República y sus simpatizantes, el proyecto de reforma constitucional es clave para lograr el tránsito hacia un Estado socialista, que profundice la participación activa de las comunidades populares organizadas en la gestión de los asuntos públicos y la solución de sus principales problemas. Es una etapa más dentro del proceso revolucionario iniciado en 1998, y cuya consolidación sería imposible sin establecer el Estado de derecho socialista determinado por la propuesta presidencial.

Para los sectores de oposición, la aprobación del proyecto de reforma constitucional marcaría la instauración de un Estado autocrático, que limitaría las libertades civiles y, lejos de profundizar la participación popular, concentraría el poder en la figura del Ejecutivo. Cabe destacar la presencia en este sector adverso a la propuesta de actores políticos disidentes del movimiento liderado por el Presidente de la República, como el partido PODEMOS y el Gral. (r) Raúl Isaías Baduel.

En último caso, todos los actores de la vida política nacional coinciden en su percepción de que el referendo constitucional marcará un hito en la historia del país. La aprobación de la propuesta signaría el paso a un nuevo tipo de Estado, con el consiguiente cambio estructural en el modelo político, social y económico de la nación. Su rechazo por parte de la población representaría el primer revés electoral para el Presidente de la República, y obligaría a realizar un nuevo examen del panorama político nacional y las aspiraciones de los venezolanos.

ProMedio ha realizado un esfuerzo por examinar y analizar detalladamente la propuesta de reforma constitucional y elucubrar nuestras percepciones sobre el particular. Pueden leerlas aquí . No somos nosotros quiénes debemos juzgar la calidad o pertinencia de este esfuerzo, sino nuestros lectores y compañeros de discusión.

Sin embargo, en esta cuenta regresiva, queremos reafirmar nuestra posición de fondo más firme sobre el referendo constitucional del 02 de diciembre: todos los venezolanos deben leer detenidamente el proyecto de reforma, discutirlo, construir con ideas razonadas su propia opinión sobre el mismo y el cambio que representa para el país.

Debemos acudir a votar por la opción que creemos más adecuada, sin importar cuál sea. Pero sin pasiones, sin odio, sin arrebatos sentimentales propios de la polarización: debemos votar con nuestra innata capacidad de discernimiento, el más hermoso rasgo definitorio de la condición humana.

No importa cuál sea el modelo de país que admiran o prefieren, ni la tendencia política a la que se adscriban. Si hacemos uso de nuestro derecho al voto, de una forma responsable, madura, pacífica y razonada, habremos fortalecido a la democracia y habremos puesto nuestro grano de arena en la construcción de un mejor futuro, con un país más unido, donde las diferencias políticas puedan ser resueltas y dirimidas en un clima de respeto, y todos puedan aportar lo mejor de sí mismos para el bien común y en pos de los sectores más necesitados de la sociedad.

En nuestras manos está que el 02 de diciembre de 2007 pase a la historia como el día en que Venezuela alcanzó la mayoría de edad política. Saludos, y nos vemos en las urnas.