El programa de gobierno, que a continuación presento a la ignorancia pública, tiene entre otras virtudes fundamentales, la de que no podrá ser ejecutado en Venezuela durante los próximos setenta y cinco años, lo cual es una verdadera garantía de su efectividad, puesto que es perfectamente conocido que toda cosa que se ejecuta o se pone en práctica en Venezuela termina por ser un desastre.
(José Ignacio Cabrujas, “Mi programa de gobierno”)
La cita del epígrafe viene a cuento sencillamente porque siempre es necesaria una cita de Cabrujas, sobre todo cuando de propuestas políticas se trata, puesto que todas, por más buenas que sean, parecen guardar cierta relación secreta con el humor.
Las presentadas por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) no son la excepción. No obstante, más allá del “criticonismo” estéril, lo que queremos en ProMedio es presentarle al lector un breve comentario sobre algunas de ellas.
Llama la atención que una de las críticas más recurrentes a la MUD en particular, y a la oposición política venezolana en general, sea su presunta “falta de propuestas”, cuando hay a disposición un documento como el que hemos leído no sin detenimiento, lo cual habla más de “falta de difusión” y que de ideas, muchas de ellas valiosas.
En una oportunidad anterior, para hacer un breve análisis sobre la noción de separación de poderes que maneja el Gobierno, nos fundamentamos en las bases programáticas oficiales del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). De igual forma, esta vez decidimos revisar las Propuestas Programáticas de la MUD, denominadas “un centenar de soluciones para la gente”, y que se esbozan a partir de cinco ejes fundamentales:
A) Reconciliar al país y fortalecer la institucionalidad democrática
B) Vigorizar y remozar el Poder Público
C) Construir una sociedad productiva y de progreso
D) Mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos
E) Proyectar y promover confianza, respeto y prosperidad en el mundo
Advertencia:
Dada la inviabilidad de comentarlo todo, nos concentramos en algunas de las propuestas que juzgamos más relevantes. Aunque es fruto de una esmerada selección, lo que sigue no es sino un comentario sucinto de algunas de las premisas más representativas de cada uno de los cinco objetivos generales. Adicionalmente, esperamos la contribución de todos para generar el debate.

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A) Reconciliar al país y fortalecer la institucionalidad democrática
La primera propuesta de la MUD consiste en: “1. Reivindicar la Constitución de 1999, como base para la acción política y punto de encuentro entre quienes pertenecen a distintas plataformas partidistas o ideológicas”. Recogemos este enunciado porque consideramos que hay que destacar que este documento programático tiene como punto de partida y punta de lanza al texto constitucional; como si la consigna principal de la Mesa fuera la propia defensa de la Constitución, ese proyecto de país que reúne a los ciudadanos venezolanos en un solo clamor.
En el mismo marco de reconciliación, la MUD se propone promover la pluralidad en el ámbito comunicacional: “Garantizar que todos los medios de comunicación en manos del Estado respondan a los intereses de todos los ciudadanos, sin ninguna discriminación, y no a los del gobierno o de cualquier parcialidad política” (8) y “Restituir, con sujeción a la ley, las concesiones de radio y televisión eliminadas contraviniendo derechos humanos” (9). De esta forma, no deja de ser interesante que la reconciliación nacional pase –desde la óptica de la MUD- por la libertad de prensa y la libertad de expresión. Sin embargo, esta proposición debe alimentarse de un enérgico debate sobre el ejercicio del buen periodismo y el deber ser de los medios de comunicación en una sociedad democrática. La revisión y actualización del Proyecto RATELVE podría ser un inicio prometedor para esta nueva visión.
Otro de los puntos neurálgicos de esta primera parte lo constituye el planteamiento número 5: “Promover una amnistía para liberar a todos los que permanecen detenidos por razones políticas; permitir el regreso de los exiliados y declarar el cese de la persecución política”. Que existan “presos políticos” en una sociedad que se precie de llamarse “democrática” es, cuando menos, una inmoralidad. Sin embargo, se debe tener cuidado con el concepto mismo de “preso político”, pues es un arma que corta para los dos lados, un concepto tan ideológico y susceptible como el de “terrorismo”. Por ejemplo, ¿alguien que esté tras rejas por haber participado en un Golpe de Estado, es un preso político o un delincuente justamente convicto? ¿Cuáles son los límites legales para expresar disidencia? Estas discusiones deberán pasar por la depuración y despolitización de los tribunales, y por el establecimiento de reglas de juego claras para la vida pública.
B) Vigorizar y remozar el Poder Público
Para darle un nuevo espíritu a la política nacional, las 16 organizaciones que aglutina la MUD se comprometen a promover “la independencia y autonomía de las ramas del Poder Público en sus diferentes ámbitos Nacional, Estadal y Municipal” (11). Trabajar por la autonomía de los poderes públicos es, sin duda, uno de los más grandes y nobles retos por cumplir en medio del contexto actual (Ver “Separación de poderes” I y II). En la misma línea se inscribe la propuesta número 19: “Dotar a la Alcaldía Metropolitana de Caracas de competencias y recursos suficientes, que le permitan cumplir el papel que le asigna el artículo 18 de la Constitución. Además, debe preverse el carácter electivo del Jefe o Jefa del Gobierno del Distrito Capital”. Más allá de las simpatías y antipatías hacia el que ostente la Alcaldía Metropolitana, consideramos que devolverle competencias a una institución, cuyo dirigente es elegido por el pueblo, es un acto de justicia. No se pueden supeditar los esquemas legales a la coyuntura del momento o al funcionario de turno. La estabilidad de las instituciones es indispensable para el desarrollo de cualquier país.

Llama la atención, no obstante, que en el parágrafo 21 se proponga una reforma de la Ley Orgánica de Procesos Electorales “para garantizar la representación proporcional de todos los grupos políticos en las instancias de representación popular”. De este modo, quienes suscriben parecen compartir la misma distorsión con la que fue alterada originalmente la configuración de los circuitos. Creemos que esa ordenación no puede tener fines concretamente electorales. La pregunta es: ¿se entiende por “grupos políticos” a grupos de seres humanos que cambian de opinión, o a masa de electores que viven para votar y sólo saben hacerlo de una forma? Es decir, la intención última nos parece válida, pero ¿no sería mejor solicitar restituir la configuración original de los circuitos y ya?
C) Construir una sociedad productiva y de progreso
Este objetivo está orientado hacia los asuntos nacionales en materia económica, financiera, monetaria y fiscal. Podría decirse que la base de este punto estriba en la inclusión del sector privado en el aparato productivo. Así se evidencia en la propuesta número 30: “Conformar una gran alianza de los sectores público y privado que facilite la creación de millones de empleos de calidad en las próximas décadas, a través de la consolidación y ampliación de las empresas radicadas en Venezuela y el aumento de las inversiones socialmente productivas”. Como está registrado en el artículo 299 de la Constitución, el desarrollo de la economía venezolana no es responsabilidad exclusiva del Estado, sino también de la “iniciativa privada”.
La MUD parte de la necesidad de la generación de fuentes de trabajo de calidad para incrementar los niveles de producción. Por ello, también propone la reiterada diversificación de nuestro aparato productivo y “Eliminar la excesiva dependencia de nuestra economía de los recursos derivados de la producción petrolera” (32). Utopía o no, es una de las premisas contempladas en el documento. Venga de donde venga, sería deseable que se lograra cumplir esta propuesta: romper con la tendencia histórica de utilizar los recursos petroleros para apalancar la permanencia del gobernante de turno, a través de redes clientelares y gastos efectistas, en vez aprovecharlos para generar crecimiento y desarrollo en el mediano y largo plazo.
D) Mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos
Este es, probablemente, el eje vital de las propuestas programáticas de la MUD. Dentro de él, las organizaciones de la Unidad prevén “Garantizar la continuidad y la más alta calidad de las políticas y programas sociales en el marco de un sistema de protección social moderno e integral” (48). Dicho en cristiano, no está contemplado, al menos programáticamente, intentar frenar el trabajo de las Misiones ni de otro tipo de programas sociales, uno de los argumentos más reiterados por el Presidente Hugo Chávez Frías al momento de desacreditar a los partidos de oposición.
Antes de tener calidad de vida, indudablemente es necesario preservar a la vida misma. Con un enfoque preventivo, la propuesta número 57 enuncia la estrategia para enfrentar el problema que más aqueja a la ciudadanía venezolana: “Desarrollar un plan de seguridad ciudadana que esté compuesto por elementos de: pedagogía de la no violencia, organización social, control de factores de riesgos y fortalecimiento de organismos policiales, así como la integración de la acción de municipios, estados y el gobierno nacional”.
De igual modo, aparece la idea de “Aprobar una Ley de Desarme y Control de Armas por parte del Estado, que incluya la regulación estricta del porte de armas y la rendición de cuentas del presupuesto ejecutado por el Estado en su compra” (58). De esta forma, lo que más se destaca es el enfoque integral en materia de seguridad, que contempla desde la prevención a través de la educación (uno de los enfoques clásicos de la izquierda a nivel mundial) hasta una mejor coordinación de las acciones por parte de todos los organismos nacionales, regionales y municipales, articulación que en este momento no se está dando plenamente, sobre todo con la creación de la Policía Nacional y la progresiva pérdida de recursos y relevancia de las policías municipales, que son las que están en mejor capacidad de abordar las acciones en el plano comunitario o “comunal”.
Sobre la educación, la propuesta 65 está orientada hacia las mejoras del personal docente: “Mejorar y ampliar los incentivos para hacer atractiva la profesión Docente. Para ello se deberán introducir mejoras sustantivas en las condiciones de trabajo, en remuneraciones y beneficios sociales de los maestros y profesores, así como en los sistemas de seguimiento de las funciones docentes en todos los niveles educativos. Se trata de promover en los docentes una perspectiva de especificidad y especialidad”. Aunque no entendemos del todo a qué se refieren con “perspectivas de especificidad y especialidad”, sí nos queda claro que, como con la profesión del policía, la MUD se compromete a velar por las mejoras del recurso humano para procurar la resolución de los problemas macro.
Por otra parte, es evidente que la MUD no exhibe una orientación demasiado clara en materia de vivienda. Si bien propone la elaboración de un Plan Nacional de Urbanización Básica (81) encaminado a la recuperación de espacios públicos, la número 79 se empeña en “Diseñar e implementar una política de satisfacción de las necesidades de alojamiento de la población, destinada a facilitar el acceso al crédito hipotecario y a mejorar integralmente las condiciones de las viviendas. Dicha política se centrará en la capacidad nacional y en la autoconstrucción”. En vez de pormenorizar la manera en que se podría ejecutar la construcción de viviendas, esta propuesta se desconecta del clamor popular y se extravía en una meditación sobre créditos y mejoras de viviendas que no existen todavía. En cuanto a la última oración, nos preguntamos ¿qué es la “autoconstrucción” sino la única alternativa que los pobres han tenido para tener una casa?
Sin embargo, el elemento de “capacidad nacional” sí parece una mejora importante en el enfoque habitacional, pues se han dado una serie de proyectos de vivienda con países como China, Brasil e Irán, que si bien han avanzando relativamente bien, no permiten el efecto multiplicador sobre la economía que tendría la utilización de constructoras nacionales, que tienen la capacidad, la tecnología y los recursos necesarios para emprender estos proyectos a menor costo: verbigracia, el nuevo viaducto Caracas– La Guaira, 100% criollo y construido en tiempo récord.
A pesar de los esfuerzos, no son pocas las propuestas de la MUD que tienen un tono demagógico ciertamente cuestionable. Por ejemplo, el planteamiento 51 no sólo parece quimérico, sino insensato: “Eliminar la pobreza extrema a través de la implementación de programas de apoyo familiar que estén condicionados a la asistencia escolar, a la cobertura de los sistemas de salud y de nutrición, y al reentrenamiento laboral”. Es cuestionable que se crea que es posible superar la exclusión y la pobreza a través de programas inspirados en el asistencialismo. Ahora, programas de asistencia escolar como los que existen en Brasil y México sí son dignos de estudiar, a pesar de que han tenido poca discusión en Venezuela, donde Gobierno y oposición se han centrado en discutir sobre las misiones sociales que se adelantan desde 2004, sin detenerse a evaluar seriamente qué experiencias han tenido otras naciones latinoamericanas.
En materia de salud, se propone “Aprobar un seguro público de salud de cobertura amplia y universal, financiado con recursos fiscales, que garantice a toda la población servicios adecuados y de buena calidad” (69). Igualmente, “Mejorar de manera sustantiva la atención en programas prioritarios: salud materno-infantil, alimentación de grupos vulnerables, atención de adultos mayores, control de enfermedades endémicas y crónicas” (72). En este aspecto, las propuestas suenan un poco generales, sin ideas concretas que destaquen cómo lograr esas mejoras, que parecen de necesidad obvia. Asimismo, la instauración de un “seguro público de salud” no está muy clara. ¿La mejora de la red asistencial pública no haría innecesaria la instauración de un seguro de salud gubernamental? ¿Uno de los problemas actuales del país no es precisamente el agudo decrecimiento de la calidad de la atención en las clínicas privadas, dada la difusión de los seguros privados por la ausencia de una red hospitalaria pública funcional y un sistema integrado de salud?
En cuanto a “Diseñar y ejecutar un programa de fortalecimiento de los postgrados nacionales de la salud, y aprobar medidas que eviten la migración de profesionales recién graduados a otros países y promuevan el retorno de profesionales especializados” (74), ¿cómo es que puede evitarse que los médicos recién graduados migren y otros especialistas regresen, si no es mejorando sustancialmente sus condiciones? Puede promoverse que “otros especialistas” regresen al país través de incentivos, pero ¿cómo evita la emigración de los profesionales recién graduados? ¿Se va a aprobar una Ley que se los prohíba? ¿No es precisamente este tipo de medidas coercitivas las que algunos miembros de la MUD le critican al Gobierno Nacional del Presidente Hugo Chávez?
Asimismo, también se propone “Diseñar y ejecutar un amplio programa de inversión pública para la recuperación y ampliación de los servicios de salud (ambulatorios y hospitales), y de los espacios para educación, cultura y deportes” (84). Esta propuesta particular pretende abarcar tanto que acaba diciendo muy poco, a diferencia de la número 85: “Diseñar y ejecutar un amplio plan de vialidad y transporte para las próximas décadas que cuente con recursos de la inversión pública y se combine con opciones de participación de la iniciativa privada”.
En materia cultural las propuestas de la MUD destacan pero por su vaguedad: “Desarrollar una política que respete la libertad de creación, y promueva la protección y restauración del patrimonio, la ampliación de la infraestructura, la formación y capacitación de los artistas, administradores y gerentes, y la difusión amplia de los bienes culturales” (92). En este punto, creemos que el plan es un poco escueto y absolutamente perfectible. Pero convencidos de que sólo puede construirse a través del diálogo, consideramos que una de las razones de ser de esta discusión, es la de lograr que aquellos sectores que no se sienten bien representados en las propuestas hagan llegar sus voces.
E) Proyectar y promover confianza, respeto y prosperidad en el mundo
El último eje de acción se focaliza en el posicionamiento de Venezuela en el plano internacional. Nos atreveríamos a afirmar que en este punto la propuesta crucial es “Evaluar los compromisos internacionales suscritos por la República a la luz de los valores que sustentan esta alianza y de políticas de genuina y democrática cooperación, seguridad e integración” (96). En este punto la palabra clave nos parece “evaluación”, a la que habría que darle el buen uso del término: veamos desde una posición equilibrada qué es lo que se está haciendo, qué es bueno y exitoso, qué necesita mejorarse y ejecutarse de otra manera y qué requiere una reformulación estratégica.
La MUD parece estar clara en que la manera de mejorar y optimizar nuestra política exterior no es dando un giro radical de 180º grados, sino trabajando sobre aquello que puede mejorar, y una de esas áreas es precisamente la firma de innumerables acuerdos internacionales por parte del Gobierno Nacional, convenios que en algunos casos parecen innecesarios, que probablemente se emprenden sin el debido proceso de licitación y que, además, en ocasiones parecen beneficiar más al vínculo político con otra nación que a las verdaderas necesidades o fortalezas del país (Venezuela no necesita contratar, por ejemplo, cooperación para fabricar bicicletas o construir viviendas, pues en el país hay muchos empresarios que en caso de presentarles la oportunidad podrían aprovecharla con resultados positivos para todos).
Finalmente, la número 95 parece una propuesta justa: “Diseñar y ejecutar una política internacional amplia y soberana, que promueva la convivencia amistosa con todos los países sobre la base de la confianza y beneficios mutuos, y proyecte los valores de nuestra democracia: garantía de todos los derechos humanos, cooperación, justicia, respeto a la autodeterminación de los pueblos y solución pacífica de los conflictos”. Más claro, imposible.
Corolario:
Pertinentes o no, factibles o no, adecuadas o no, las propuestas de la MUD sí existen, están sobre el papel y acá les hemos presentado algunas, con cierto arbitrio pero con criterio. En eso que llaman “sociedad democrática”, la tarea de los ciudadanos es la de exigir de parte de sus líderes propuestas para evaluarlas y, eventualmente, decidir. Esa es, entonces, nuestra sencilla invitación: evaluemos, discutamos y decidamos entre todos.


